En la empresa familiar, los conflictos rara vez surgen por un único motivo. La mayoría de las veces aparecen por la superposición —no siempre consciente— de tres sistemas distintos que conviven en un mismo espacio: la familia, la empresa y el patrimonio.
Cada uno tiene su propia lógica, sus reglas y sus tiempos. Cuando estos sistemas se mezclan sin acuerdos claros, los conflictos aparecen… y muchas veces se vuelven difíciles de resolver.
Los tres sistemas de la empresa familiar
- El sistema familiar
La familia se rige por vínculos, historia compartida y emociones. Aquí predominan:
- los afectos,
- los roles familiares (padres, hijos, hermanos),
- las lealtades,
- las expectativas implícitas,
- y las heridas del pasado.
En este sistema, la lógica es la del cuidado del vínculo.
No se mide el desempeño ni la eficiencia, sino la pertenencia.
Conflictos típicos del sistema familiar:
- rivalidades entre hermanos,
- dificultades para poner límites,
- expectativas no habladas,
- decisiones influenciadas por emociones no resueltas.
- El sistema empresa
La empresa responde a una lógica distinta: la de los resultados, los roles y el desempeño. Aquí importan:
- la eficiencia,
- la toma de decisiones,
- la claridad de funciones,
- la responsabilidad,
- y la sostenibilidad del negocio.
En este sistema, no alcanza con “ser de la familia”: se espera gestión profesional.
Conflictos típicos del sistema empresa:
- roles mal definidos,
- falta de autoridad clara,
- decisiones inconsistentes,
- pulsiones por el poder
- confusión entre jerarquía familiar y jerarquía organizacional.
- El sistema patrimonio
El patrimonio remite a la propiedad, el control y la herencia. Se vincula con:
- quién es dueño y en qué proporción,
- cómo se reparten utilidades,
- qué derechos tiene cada socio,
- cómo se transmite el patrimonio a la próxima generación.
Este sistema tiene una lógica más jurídica y económica, pero no por eso está exento de emociones.
Conflictos típicos del sistema patrimonial:
- discusiones por herencias futuras,
- reclamos de igualdad o equidad,
- tensiones entre propiedad y gestión,
- confusión entre ser heredero y ser gestor.
¿Qué pasa cuando los sistemas se mezclan sin reglas?
Muchos conflictos en la empresa familiar no se resuelven porque se intentan discutir en el lugar equivocado.
Por ejemplo:
- problemas de gestión que se discuten como conflictos familiares,
- reclamos patrimoniales que se expresan en decisiones operativas,
- emociones familiares que condicionan decisiones empresariales.
Cuando no se diferencia qué sistema está en juego, los desacuerdos se personalizan, se repiten y se intensifican.
Abordar los conflictos de forma diferenciada (pero integrada)
Ordenar una empresa familiar no significa separar a la familia de la empresa, sino reconocer que cada sistema necesita su propio espacio, reglas y conversaciones.
La clave está en:
- identificar desde qué sistema surge el conflicto,
- abordarlo en el ámbito adecuado,
- y construir acuerdos que integren familia, empresa y patrimonio sin confundir sus lógicas.
Cuando esto sucede, muchos conflictos dejan de ser “problemas personales” y pasan a ser temas de gestión, de gobernanza o de planificación, que pueden trabajarse de manera profesional.
Nuestro enfoque en Estudio Lepreri & Eier
Desde el Estudio Lepreri & Eier acompañamos a familias empresarias a ordenar estos tres sistemas, ayudándolas a:
- diferenciar roles y ámbitos,
- generar espacios de diálogo adecuados,
- definir reglas claras,
- y construir acuerdos que cuiden tanto la continuidad del negocio como los vínculos familiares.
Porque en la empresa familiar, muchos conflictos no desaparecen por sí solos: se ordenan cuando se los trabaja en el lugar correcto.

